Me tomo el
atrevimiento de escribir esto, sabiendo que mi pensar no es el de pocos hijos y
creyentes, sino de una gran multitud de Hijos tristes y preocupados por el
temblor sísmico que sacude a toda la Cristiandad, y me conforta saber, que
estamos bajo el Estandarte del Inmaculado Corazón de María y del Sacratísimo
Corazón Eucarístico de Jesús. Y que en muchos corazones, mis palabras no
quedaran huecas, sino que resonaran, y pido a Dios, que sean para despertar las
conciencias.
¿Es posible
que nos estemos dejando arrastrar a la división? Es necesario gritarlo
abiertamente: ¡La Iglesia de Cristo vive en cisma! Y bien, los católicos fieles
podemos hacer muestras las palabras del Gran Doctor de la Iglesia, San
Atanasio: "Ellos tienen los templos, nosotros tenemos la Fe". Y el
Señor hoy más que nunca, debemos ser testigos verdaderos del Evangelio, bajo el
modelo de Cristo, ¡No queremos otro modelo!
Hoy más que
nunca se apela al "espíritu" del Concilio para apostatar de la Fe,
¡yo también, hoy, públicamente apelo al mismo espíritu del Concilio para
levantar la voz! ¡Apelo a la Constitución Gaudium et Spes: "En lo que
concierne al Bien de la Iglesia, el Laico puede hacer oír su Voz a sus
Pastores" (43)¿O es acaso que esta voz de los seglares, solo puede ser escuchada
hacia quienes están fuera o atacan la fe como se contempla hoy en la
Iglesia?
Escribo con
amor a la Iglesia, pero también con tristeza y decepción. ¿Se puede Obedecer al
Papa, a los Obispos y a los Sacerdotes cuando rechazan abiertamente la Fe? ¡La
Sagrada Escritura, el Magisterio y el Catecismo de la Iglesia deben ser la Luz
que ilumine los Corazones, no los propios juicios de los corazones confundidos
e iluminados por un progresismo homicida!
La Iglesia,
se ha sumergido en un tiempo de " misericordia", y me atrevo a
preguntar: ¿qué clase de Misericordia es aquella que no llama a la conversión,
que me permite pecar a mi extremo, creyendo que Dios no será Justo Juez,
"porque Cristo no puede condenar a nadie para siempre, porque esa no es la
verdad del Evangelio" (Francisco)? La propia Escritura dice: "A nadie
le fue dado permiso de pecar", y sin embargo, Obispos y sacerdotes lo
fomentan a destajo, como si se tratara de repartir premios a manos llenas.

Obispos,
sacerdotes que profanan la Sagrada Comunión (Alemania, Argentina, Malta,
Filipinas); dando el Cuerpo del Señor en Pecado Mortal de Adulterio, apelando a
la nueva "primavera" eclesial fomentada por el Documento Amoris
Laetitiae, bajo el espíritu cismático y protestante de Cardenales Alemanes como
Marx y Kasper respectivamente. ¿Cuándo
la Iglesia ha rechazado a los Divorciados en nueva unión? ¡Nunca! Al contrario,
les abraza y les ama, más sin embargo, no les aplaude su error, les invita a la
continencia, a la hermandad, y les acompaña en este camino, pero pretender
concederles el Sacramento en Pecado, no es un Acto de Misericordia, es
arrojarlos al infierno de un solo golpe. ¿Es justo jugar con Cristo? ¿Es justo
condenar a las almas? Es doloroso, pero hay que decirlo, Amoris Laetitiae rompe
tajantemente con el Magisterio de la Iglesia: Encíclica "Casti
Connubi" del Papa Pío XI, sobre la Dignidad del Matrimonio, Encíclica
"Humanae Vítae" de Pablo VI, Exportación Apostólica "Familiaris
Consortio" y Encíclica "Evangelium Vitae" de Juan Pablo II.

En la apertura
hacia los homosexuales, ¿cuándo la Iglesia les ha rechazado? El Catecismo de la
Iglesia en sus Numerales 2358 - 2359 enseña: "Deben ser acogidos y
tratados con respeto, se evitara hacia ellos todo signo de discriminación
injusta". ¿Cómo es posible que Obispos, Sacerdotes apelen a bendiciones y
uniones homosexuales? No es sino jugar con ellos, ciertamente son nuestros
hermanos e Hijos de Dios, y como tal, la Iglesia como Madre les abraza con
amor, pero también, les exige la castidad y les acompaña. La Iglesia en nada
debe pedir perdón hacia ellos, sino bilateralmente, los Obispos, Sacerdotes y
Fieles, que ciertamente les han discriminado, y por si parte, la Comunidad LGBT
también debe hacerlo, en cuanto pisotean loa sentimientos de fe de la Iglesia
en sus "marchas" de exigencia de respeto. No es la Autoridad de la
Iglesia la que les margina. La fe de la Iglesia, apela al valor sagrado de la
familia, del matrimonio, de la dignidad humana, y sin embargo, los hermanos
homosexuales se cierra de manera soberbia a entenderlo.
"Fuera
de la Iglesia No hay Salvación". Cristo ha instituido una Sola Iglesia
(Mt. 16, 18), Sacramento Universal de Salvación; así lo enseña la Patrística de
la Iglesia y su Magisterio, la multitud de Mártires y Santos que han sido
Verdaderos Testigos del Evangelio hasta el extremo. No se puede llamar
"testigos" a quienes han dividido ventajosamente la Unidad de la
Iglesia, elevar al mismo nivel de San Ignacio de Loyola, San Francisco de Asís
a un Hereje como Martín Lutero, es traicionar la Fe de tantos Mártires, loa
esfuerzos de los pontífices que han buscado la Unidad de la Iglesia, desde San
Pío V hasta el Venerable Pío XII. No se puede llamar "Hermanos en la
Fe" a los Herejes Luteranos, Anglicanos, Episcopalianos y demás protestantes,
puesto que no guardan la Fe Católica, como Enseña el Papa Benedicto XV:
"Tal es la Integridad de la Fe Católica, que se acepta como un todo o se
rechaza como un todo. Ellos, los Herejes, están llamados a regresar al Seno de
la Santa Madre Iglesia, no predicar esto, es fomentar un Neopaganismo, un
ateísmo y un sincretismo pancristiano, olvidando a Dios y poniendo al hombre
como a un dios, olvidando el mandato de ser uno. Y san Pablo lo enfrenta
tajantemente: "Un Sólo Dios, una Sola Fe, un Solo Bautismo". El
Verdadero Católico no ora en conjunto con los herejes, pide por si conversión y
su regreso a la Iglesia.
¡La
Liturgia Glorifica a Dios! Es Cristo mismo quien se ofrece al Padre por el
mundo entero. U que triste es contemplar a la Iglesia que se burla de Su Señor
en su propio Santuario. Sacerdotes "creativos" convirtiendo loa
Templos en circos profanos, Obispos negligentes que solapan el caos de la
inclusión protestante en la Santa Misa. Desacralización generalizada. La Divina
Liturgia no es un circo ni un teatro para hacer lo que nos antoje con ella. Es
el Calvario. Que tristeza es ver a Sacerdotes sin fe ni amor, sin reverencia,
más bien, celebrando a las carreras, como si fuera cualquier cosa.
Y qué decir
de los fieles laicos, que pobres y que hipócritas somos. Convertimos loa
Templos en mercados, cuevas de bandidos, platicando, vendiendo, comiendo; sin
respeto ni reverencia; ¡contestando el celular en plena consagración!
¡Desdichados de nosotros, "solo los soldados y los demonios festejaban al
pie de la Cruz" (P. Pio) y que bien nos transformamos en ellos durante la
Santa Misa!
¡Si
contempláramos el cielo que baja a la tierra en ese momento! Comulgamos en
pecado y si es en Gracia sin atención, pasamos delante del Santísimo Sacramento
como si fuera cualquier cosa, ¡más nos valdría no haber nacido! Comuniones
sacrílegas en la mano, de pie altaneramente, cuando ni los ángeles están erguidos
en presencia de Dios en el cielo, los abusos de los Ministros Extraordinarios
de la Sagrada Comunión, ¿que no son extraordinarios? Y sin embargo parecieran
son una plaga, que por la holgazanería del Sacerdote reparten al Señor como si
fueran consagrados.
¡Y sin
embargo, seguimos creyendo que a la Iglesia ha entrado aire fresco! Bien lo
dijo Pablo VI: "El humo de Satanás ha entrado a la Iglesia". Y ese
humo con tristeza, es avivado por los consagrados y los católicos tibios y
sentimentalistas. La Iglesia vive una crisis, que Dios mismo en su Voluntad Omnipotente
ha permitido, ¿para qué? Para purificar a su Iglesia, para separar a las ovejas
de los cabritos, y saber, quienes son de Dios y quienes del Diablo. La batalla
final que la Iglesia debe pelear en estos tiempos, no es en la rebeldía, sino
en la Fidelidad a Cristo, al Evangelio. Dichosos de nosotros si nos persiguen a
causa de la verdad. La Santísima Virgen lo profetizo en La Sallette, Francia en
1846: " Sacerdotes se opondrán a Sacerdotes, fieles contra fieles, satanás
hará caer a las almas entregadas al servicio de Dios".
El Señor en
su Misericordia nos asista. Sacerdotes del Señor: sean fieles a su sacerdocio,
fieles a Cristo, peleen y combatan por la verdad, no tengan miedo a la
destitución por enseñar la verdad del Evangelio. Podemos hacer nuestras hoy las
Palabras de Pedro: "Decidan ustedes a quien es permitido obedecer a Dios o
a ustedes. No podemos quedarnos callados sin decir lo que henos visto y oído...
Nosotros tenemos que obedecer a Dios antes que a los hombres" (Hch. 4, 19,
20. 5:20). En Fátima se ha dicho que quienes permanezcan fieles a Roma
salvarán, ¿qué quiere decir esto? Fieles a Cristo, al Magisterio de la Iglesia,
al Catecismo, a la Sagrada Escritura.
Oremos hoy
más que nunca por la Iglesia, por los Obispos y Sacerdotes, para que regresen a
la Fidelidad al Evangelio, que Roma vuelva a Guardar la Fe Católica, y que el
Espíritu Santo expulse por medio de María, el viento huracanado que se cierne
impetuoso sobre la Barca de Pedro. Roguemos en medio de este cisma que como
sismo, sacude a toda la cristiandad, para que las consecuencias de los Pastores
Apóstatas, no sean catastróficas. Nosotros, fieles a Cristo, seguimos confiando
y esperamos, que los Poderes del Infierno no prevalecerán contra la Iglesia y
esperamos con gozo, el Triunfo del Inmaculado Corazón de María.
Viva Jesús,
Viva María.
Mauritius a Cruce Cordis Iesu
Mexicali, B.C., 16 de Febrero de 2018. Santa Cuaresma